Globalización, outsourcing, deslocalización y tercera revolución industrial

Hace ya unos cuantos meses, con motivo de la tesis, leí una publicación presentada por OIT y OCM titulada Making Globalization Socially Sustainable[1]. Dado que aborda la relación entre la globalización y el empleo, la deslocalización, el outsourcing, los cambios estructurales, la crisis, las implicaciones políticas, la protección social, la inequidad en los ingresos, la educación, entre otros, pensé (en su momento) que podría ser interesante ir desgranando estas cuestiones en este espacio. Pero ese momento nunca llegó…o no había llegado hasta ahora. Algunos días atrás di con una noticia que hace referencia a la Tercera Revolución Industrial, y me recordó a uno de los aportes de la publicación mencionada.

El artículo titulado Globalization, offshoring and jobs, de H. Görg, repasa diversos aportes recientes que buscan comprender la relación entre la globalización y la deslocalización, por una parte, y la globalización y el outsourcing, por otra. Recordemos (básicamente) que fruto de la deslocalización, los ajustes se dan entre sectores, mientras el outsourcing genera sus efectos al interior del sector, o incluso al interior de organizaciones. ¿Por qué? Porque (de nuevo, básicamente) la deslocalización supone el cese de una actividad en un determinado país para ser llevada a cabo en otro. De esta forma, y con motivo de esta deslocalización, se supone que el intercambio que tendrá lugar entre países será de productos finales. Por el contrario, en el caso del outsourcing lo que se produce es algún tipo de desfragmentación de la cadena de valor. Así, ciertos procesos dejan de desarrollarse en un país para ser retomados en otro. Lo que suele suceder es que aquellos procesos que se terciarizan son los intensivos en mano de obra y, por lo tanto, se llevan a cabo en los denominados low cost countries – LCC, aprovechando las diferencias relativas en salarios. Mientras tanto, los procesos que quedan en casa son los de mayor valor agregado.

Ahora bien, el artículo en cuestión se encuentra con diversas apreciaciones encontradas entre sí. Por una parte, plantea que los procesos de deslocalización parecen tener efectos negativos en el nivel de empleo, al menos en el corto plazo. El bagaje formativo suele ser mencionado como un factor condicionante: a menor nivel formativo, mayor desempleo. De todas formas, esta posibilidad no se presenta de igual manera en cualquier industria. Tal es el caso de programadores que a pesar de contar con formación universitaria, pueden ver peligrar sus puestos de trabajo ante la posibilidad de que sean deslocalizados. Por otra parte, existen múltiples efectos indirectos e inducidos cuyos resultados pueden incluso ser positivos (a modo de ejemplo, si la deslocalización supone ofrecer bienes o servicios más baratos, se valora la posibilidad de que los hogares destinen esa proporción de ahorro al consumo de otros bienes o servicios, dinamizando por lo tanto a la economía).

En cuanto a las conclusiones relativas al outsourcing, las disyuntivas se asemejan a lo antes planteado. Por una parte, se observan posibles efectos negativos en los niveles de empleo de trabajadores con menor cualificación relativa. Y, por otra parte, se plantean numerosas diferencias en términos de países, bases de datos, metodologías aplicadas, etc.

En fin, la cuestión es que se ha discutido acaloradamente acerca de estos temas, y se han generado contribuciones seguramente inestimables, para llegar a la conclusión última…de que existen aún lagunas acerca de la cierta incidencia de estas estrategias globales en términos de empleo a largo plazo. ¿Es negativo que existan lagunas? En absoluto. De hecho, en el ámbito científico – académico, es uno de los factores que nos impulsa a seguir trabajando para generar pequeños aportes, nuestros granitos de arena. Lo curioso de esta cuestión (y he aquí el meollo de este rollo) es que aún no hemos sido capaces de entender en profundidad estos movimientos, y ya estamos planteando que en el corto/mediano plazo van a revertirse. Es decir, de acuerdo con The Economist, estamos atravesando una tercera revolución que supondrá la vuelta a la industria netamente local, desandando el camino emprendido por las anteriores revoluciones industriales (partiendo del hecho de que efectivamente estamos atravesando por esa tercera revolución): re-armar las cadenas de valor fragmentadas a nivel global, desatender la producción inflexible en cadena y volver a tejer no ya el emblemático algodón –precedente de la primera revolución industrial- sino cada uno de nuestros servicios y productos, bajo el ojo atento de nuestros clientes. ¿Posible o no? No lo sé, pero no dejó de sorprenderme el contraste de ambos aportes, salvando las distancias y propósitos. Sin dudas, el ritmo vertiginoso en el que vivimos genera continuos efectos en múltiples planos, y a la vista está lo difícil que resulta ser capaces de seguirlo y comprenderlo. DIFÍCIL, no imposible. Pues seguiremos manos a la obra.

 Las imagenes corresponden a los dos artículos mencionados


[1]Año 2011.

WTO ISBN 978-92-870-3783-1

ILO ISBN 978-92-2-124583-4

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